vialibre 20/09/2026
La incorporación de mujeres a la conducción del transporte público está modificando gradualmente el rostro de la movilidad en la Ciudad de México. Actualmente, 40 mujeres operan en Conexión Centro-Aeropuerto (CCA), por lo que es la línea del Metrobús con mayor número de conductoras activas, de acuerdo con Daniel Quezada, gerente general de CCA.
El proceso comenzó a principios de este año, cuando Grupo CISA decidió generar condiciones para incorporar más mujeres a la operación de sus empresas BRT. Conexión Centro-Aeropuerto fue la primera en ponerlo en marcha y, durante los primeros meses, sus áreas de operación, capacitación y atracción de talento trabajaron conjuntamente para desarrollar un esquema específico de incorporación.
“Empezamos en Conexión, justo al inicio del año, a trabajar conjuntamente con todas las áreas para generar esas condiciones”, señaló Quezada. En febrero había cuatro mujeres operadoras con varios años de experiencia; después se realizó una convocatoria focalizada que permitió capacitar e incorporar a 34 nuevas operadoras. Hoy son 40 mujeres activas.
Una de las principales características del proceso ha sido abrir la puerta a mujeres que no necesariamente contaban con experiencia previa en transporte público. Algunas llegaron con experiencia al volante; otras, literalmente, comenzaron desde cero.
Es el caso de Isabel Moreno Ramos, de 51 años, quien antes se dedicaba al comercio ambulante y en algún momento había sido taxista. Al conocer la convocatoria para incorporarse a una “Escuela Base Cero”, decidió intentarlo pese a no contar con experiencia en vehículos de las dimensiones de un Metrobús.
“Yo algún día voy a aprender a manejar ese tipo de unidades”, se dijo al ver a una conductora. Hoy lleva varias semanas de capacitación teórica y práctica. En este proceso ha aprendido desde conocer la unidad y realizar maniobras hasta la importancia de conducir sin exceso de confianza y colocar siempre la seguridad de los pasajeros por delante.
Para Isabel, la oportunidad también representa una nueva posibilidad laboral. Con estudios de secundaria y la preparatoria trunca, explica que durante buena parte de su vida el comercio ambulante fue prácticamente su alternativa de subsistencia. Ahora enfrenta el reto de obtener su licencia tipo C y concluir su formación como conductora.
Una historia distinta, pero igualmente significativa, es la de María Concepción Ruiz Villaseñor, quien llegó a CCA buscando trabajo después de haberse desempeñado principalmente como secretaria. Hace dos años y medio aprobó su prueba de manejo, pese a los nervios iniciales, y comenzó un proceso de capacitación de más de dos meses.
Hoy conduce una unidad de la ruta y asegura que sus hijos son sus principales admiradores: “Siempre les dicen a las personas: ‘mi mamá trabaja en Metrobús, ella maneja’”.
María también recordó que al principio enfrentó algunas expresiones de machismo y dudas sobre su capacidad. Sin embargo, encontró compañeros que la apoyaron y hoy ella misma procura acompañar a las nuevas operadoras: “Yo también fui nueva”, explicó.
Para Quezada, precisamente ahí se encuentra uno de los principales cambios: la experiencia demuestra que las dificultades iniciales no están determinadas por el género, sino por el tiempo de aprendizaje y la experiencia en la actividad. Mujeres que llevan cuatro o cinco años conduciendo, señaló, pueden compararse con operadores con el mismo tiempo de experiencia y mostrar desempeños similares o incluso mejores en algunos indicadores.
El crecimiento de la participación femenina también ha generado un efecto de atracción. Las nuevas operadoras se convierten en referencia para otras mujeres que las ven conducir y preguntan cómo pueden incorporarse. “Ahí nos formaron, ahí nos acompañaron, ahí nos dieron la oportunidad”, es el mensaje que, de acuerdo con Quezada, empiezan a transmitir entre ellas.
La estrategia, además, ha contribuido a enfrentar uno de los problemas estructurales del transporte público: la falta de operadores. Pero el proceso también ha llevado a ampliar la búsqueda hacia personas que anteriormente no cumplían con el perfil tradicional de ingreso.
La capacitación se convirtió así en una pieza central. El proceso actual contempla entre 30 y 35 días, con formación teórica, simulador, prácticas en patio, conducción en corredor y tutoría con operadores experimentados antes de incorporarse formalmente a la operación.
“Empezamos con mujeres, pero hoy también abrimos ese espectro a hombres que no necesariamente vienen de conducir transporte público”, señaló Quezada. La experiencia, añadió, ha demostrado que ampliar las posibilidades de ingreso y fortalecer la formación permite ensanchar el universo de personas capaces de incorporarse al transporte.