vialibre 19/05/2026
A medida que se acerca la Copa Mundial de la FIFA 2026, la conversación en torno a su impacto económico ha puesto el foco en sectores como el turismo, la hospitalidad y el consumo. Sin embargo, detrás de este dinamismo existe un desafío menos visible, pero igual de relevante: la capacidad logística para abastecer una demanda extraordinaria en tiempo récord.
De acuerdo con Deloitte, el Mundial podría generar hasta 2,730 millones de dólares en valor agregado para la economía mexicana, además de impulsar el consumo tanto en hogares como en bares, restaurantes y espacios públicos¹. En este contexto, las bebidas alcohólicas —particularmente la cerveza— concentrarán entre 55% y 65% del gasto asociado a la denominada “canasta mundial” ², consolidándose como una de las categorías clave durante el torneo.
Este fenómeno se da en un país donde el consumo de cerveza ya es estructural. En México, el consumo per cápita alcanza los 68 litros anuales³, posicionando a esta industria no solo como un elemento cultural, sino como un motor económico relevante dentro del sector manufacturero y agroindustrial.
Sin embargo, el verdadero reto no estará únicamente en el volumen de consumo, sino en la capacidad de abastecerlo. De acuerdo con Barclays Equity Research, el volumen de venta de cerveza en ciudades sede como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey podría incrementarse hasta 9.9% durante el torneo, una cifra que triplica el crecimiento habitual de la industria en años sin eventos de esta magnitud?.
Este incremento, impulsado tanto por el consumo local como por la llegada de turistas internacionales, ejercerá cierta presión sobre las cadenas de suministro. El mismo análisis advierte que los costos logísticos en zonas urbanas podrían aumentar hasta 30%, particularmente en la última milla, debido a la saturación de las ciudades y las restricciones de movilidad. A esto se suma la necesidad de incrementar hasta en 25% los activos logísticos, como pallets y unidades de transporte, para evitar riesgos de desabasto?.
“Eventos de esta magnitud evidencian que el reto no es únicamente mover más producto, sino hacerlo de forma más eficiente, coordinada y sostenible. La logística se convierte en un habilitador clave para responder a picos de demanda sin comprometer la operación”, señaló Giovanni Mirabent, Country General Manager para México y Key Accounts para América Latina.
En este contexto, la logística tradicional —diseñada para escenarios de demanda estable— enfrenta límites operativos. Modelos lineales pueden resultar insuficientes ante incrementos abruptos en el consumo, lo que ha acelerado la adopción de esquemas de economía circular dentro de la cadena de suministro.
A través de modelos como el pooling, que permiten compartir, recuperar, reparar y reutilizar pallets estandarizados entre múltiples actores, es posible optimizar el uso de activos, reducir traslados innecesarios y responder con mayor agilidad a escenarios de alta demanda. Este tipo de soluciones no solo mejora la eficiencia operativa, sino que también contribuye a reducir la huella ambiental de las operaciones logísticas.
De cara al Mundial 2026, la capacidad de las empresas para adaptarse a estos nuevos modelos será determinante. Más allá del incremento en ventas, el verdadero diferencial competitivo estará en la eficiencia con la que las cadenas de suministro logren responder a un entorno más dinámico, exigente y complejo.
En una industria donde cada litro cuenta, la logística ya no es solo un componente operativo: es una condición para competir.